Del caballo a los caballos de potencia

Por milenios, los caballos fueron los protagonistas indiscutidos: en el antiguo Egipto, en el ejército de Terracota, en los relatos del Evangelio e incluso obsesionando a personajes históricos, como Napoleón con su famoso caballo blanco.

Pero el tema se empezó a complicar, es más en 1894, el periódico The Times predijo: «En 50 años, todas las calles de Londres estarán sepultadas bajo nueve pies de estiércol». (Ven que pesimistas dramáticos han existido siempre)

Las grandes ciudades dependían de miles de caballos para su funcionamiento, como el caso de Londres, que contaba con 11.000 taxis, todos con motor animal. En castellano, la ciudad se llenaba de estiércol, malos olores y caballos muertos en plena vía pública.

Fue en este período que entra a la acción Henry Ford, estrenando en 1903 el modelo Ford A y posteriormente masificando el Ford T, entregando una alternativa mejor para la movilidad.

El emperador Guillermo II, el último Kaiser del Imperio alemán era un conocido amante y admirador del caballo, quien lo grafica con su célebre frase “Creo en el caballo. El automóvil no es más que un fenómeno pasajero”.

Creo que el tiempo no le dio la razón a don Guillermo.